Bernard Herrmann and Alfred Hitchcock

Bernard Herrmann

Bernard Herrmann tocando el pianoHoy hace 102 años del nacimiento de uno de los más grandes compositores cinematográficos de todos los tiempos, el maestro Bernard Herrmann (1911 N.Y. – 1975 N.Y.)

Como pequeño homenaje hablaremos un poco de él.

Su padre, Abraham, inmigrante judío de origen ruso, gran amante de la música, contaba con una excelente colección de música clásica y ópera, la cual se empecinaba en mostrar a sus dos hijos desde edades tempranas, tratando de inculcar ese amor e interés por la música al pequeño Benny y a su hermano Louis. Está claro que de algo le sirvió.

Cuentan las malas lenguas que ya desde pequeño mostraba mal carácter y que era digamos un poquito agresivo, prueba de ello es que un día en el que su profesor de música le regañó, con tan sólo ocho años, el futuro compositor respondió rompiéndole el violín, regalo de su padre, en la cabeza. Unos años más tarde conoce la música del compositor francés romántico Louis Hector Berlioz, del cual queda prendado y decide que quiere ser compositor.

Con veinte años montó su propia orquesta, la New Chamber Orchestra de Nueva York, lo que le permitiría comenzar su carrera en la radio (1934), en Columbia Broadcasting System (CBS), como director de orquesta y compositor, y donde conocería a Orson Wells. Después de colaborar con Wells en varios proyectos radiofónicos, como la bien conocida retransmisión de La guerra de los mundos (1938), entraría por la puerta grande en el mundo del cine con la primera película de Wells, Ciudadano Kane (1941).

A partir de 1955, cuando ya cuenta con un estilo muy personal siempre fuertemente influenciado por su melancólico estado anímico, comienza su andadura con otro maestro, Sir Alfred Joseph Hitchcock, formando así el tándem perfecto. Pocas colaboraciones director-compositor han sido tan intensas, creíbles y de tan alta calidad, como por ejemplo el tándem Lynch-Badalamenti.  La primera colaboración se llevó a cabo con la película ¿Pero quién mató a Harry? (1955), a la que seguirían una serie de colaboraciones que nos dejarían algunas de las mejores bandas sonoras de toda la historia del cine como Vértigo (1958), Con la muerte en los talones (1959) o Psicosis (1960), tres películas imprescindibles que a su vez forman parte de los mejores títulos filmados por el director británico.

En la famosa escena de la ducha en Psicosis, Hitchcock dejó claro a Herrmann que no quería música en ella, algo de lo que parece el compositor no quedó convencido y creó el conocido sonido inquietante y violento de violín, acorde con la escena. Hithcock no tuvo más que dar el ok finalmente. Algo con lo que quizás su profesor de música de la infancia, no se hubiese sorprendido.

Lamentablemente estas colaboraciones acabaron cuando Hitchcock no aceptó la música de Herrmann para la película Cortina rasgada (1966), ya que el director quería algo más pop, por lo que después de varias confrontaciones cada uno siguió su camino. Lo que se produjo aquí también fue el rechazo por parte de Herrmann al sistema de Hollywood y la industria cinematográfica, cada vez más empeñada en comercializar todo para llegar a un mayor público, lo que se traduce como más dinero. A partir de entonces la industria del cine americano comenzaría a ser cada vez más mediocre.

Después de aquello, Herrmann se dirigió a Europa en busca de otro tipo de proyectos, donde surgiría por ejemplo, la excelente colaboración con el director francés François Truffaut, amante del cine de Hitchcock, en las películas Fahrenheit 451 (1966) y La novia vestida de negro (1967).

De la mano de Brian de Palma, otro amante del maestro del suspense, Herrmann regresa a los Estados Unidos y compondría para el director de Nueva Jersey la música para la película Hermanas (1973). Tres años más tarde compondría su última banda sonora para la película Taxi Driver (1976) de Martin Scorsese, de nuevo otro amante del cine de Hitchcock, en la que el compositor parecía recuperar toda la ilusión al trabajar por primera vez con música jazz, algo que parecía poder haber sido el inicio de una nueva etapa, aunque no pudo ser así ya que moriría mientras dormía a las pocas horas de haber finalizado la grabación. Quizás todavía siga soñando con esa melodía.

D.E.P.

Nervios rotos (Roy Boulting, 1968), música que posteriormente Quentin Tarantino se encargaría de recuperar para su película Kill Bill.

El cabo del miedo (J. Lee Thompson, 1962)

Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) (Album completo)

Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958) (Album completo)

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