Diego_A._Manrique

Entrevista a Diego A. Manrique

Diego Manrique, mejor dicho, Diego A. Manrique es fundador de la revista Efe Eme, también de Ruta 66, responsable del programa El Ambigú de Radio 3, guionista del programa de TVE Caja de Ritmos, Premio Ondas de la radio en 2001, traductor oficial de Bob Dylan en España… Podríamos seguir así hasta que te aburrieses. Ahora, aparte de escribir en la revista Rolling Stone, en el diario El País, y seguir con el espíritu de El Ambigú en La Zona Salvaje en Radio Gladys Palmera, tiene nuevo libro que ya va por su cuarta edición, Jinetes en la Tormenta, de la editorial Espasa.

Dice, con tristeza, que puede ser el canto del cisne del oficio de crítico musical en España. Aprovechando su visita a la localidad de Baeza para ejercer de ponente en dos charlas enmarcadas en un curso llamado “Música y medios de masas”, ofertado por la Universidad Internacional de Andalucía, nos aprovechamos del poco tiempo del que disponía para que nos contestase algunas cuestiones.

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B.C. ¿Cuál es el motivo de que prácticamente no haya crítica de discos en la prensa generalista?

D.A.M. Eso es un prejuicio de la prensa española que considera por encima de todo el directo, es como si heredara los conceptos del mundo del teatro; los medios se han tragado algo que les han vendido los artistas, que es que el directo, el momento mágico, único, el acto central de la creación musical, y yo no lo discuto, puede que haya momentos mágicos, pero el 99% de los conciertos son repetición del anterior, entonces se ha dado prioridad al directo por esta nueva idea presencial, que es un poco totémica de “Springsteen ha venido hasta aquí”, y bueno, puede congregar multitudes, tanto como si fuese una capital de provincias. Muchas veces salen críticas de conciertos de grupos que hacen tres fechas en España y les van a ver 900 personas; esos sí que salen, pero no se hace una crítica de un disco que van a escuchar tres millones de personas, el de Alejandro Sanz, nadie habla del disco de Alejandro Sanz porque no es “cool”, eso es un problema de base.

B.C. ¿Tienen los medios musicales futuro en España?

D.A.M. Estamos en el ojo del huracán, estamos viviendo la misma incertidumbre que la del resto de los  trabajadores, los periodistas tenemos más facilidades, lo que no se publica en papel normalmente se publica en internet, pero al mismo tiempo se ha acabado una forma de entender el periodismo musical, es una cosa que trato en mi libro. Se ha acabado lo de que tu ibas a entrevistar al artista a su ciudad e ibas de gira con el grupo durante cuatro días, todo eso ya no existe. Eso normalmente lo pagaba la compañía discográfica, muy raramente el medio, y ahora no, ahora lo que te ofrecen es el “phoner”, la entrevista telefónica que es una cosa tremendamente fría, y con problemas de pura comunicación porque estás llamando por ejemplo a América. Y lo más terrible, la entrevista por internet, que estoy seguro de que en un porcentaje muy alto el que te contesta no es el artista, hay un señor que es Community Manager, que te das cuenta porque da unas respuestas tan absolutamente vulgares que piensas: no es posible que éste artista sea tan tonto.

Creo que la calidad en cobertura periodística se ha resentido, digamos que el periodismo “cinco estrellas” que hicimos durante una época se ha acabado; ahora nadie se lo cree, pero a mí me mandó El País junto con un fotógrafo a entrevistar a Lou Reed en Atlanta (Georgia) y pagando El País, y cuando me enteré de lo que costaba ese viaje y estábamos en Atlanta dijimos: “ya que estamos aquí vamos a sacar algo más”, y nos fuimos al centro de enfermedades contagiosas, que es dónde se detectó el SIDA y tienen muestras de las enfermedades más peligrosas del mundo, intentamos sacarle algo de rendimiento al viaje.

Porque la entrevista a Lou Reed fue brutal, absolutamente antipático… fantástica por otra parte(risas); íbamos a hacer una crónica de lo que por lo visto era una gira de Amnistía Internacional que se llamaba Conspiración de la Esperanza, y estaban tocando U2, Lou Reed, Joan Baez, los Neville Brothers, una cosa impresionante… No sé si costó el viaje un millón de pesetas o un millón de pesetas por cada uno, dos millones de pesetas, un caso atípico de chulería de El País de “nos lo podemos permitir”. Ese tipo de periodismo que se hacía de entrevista con el artista cada vez es más raro, por suerte con los viajes Low Cost, si quieres entrevistar a un artista en Inglaterra, sales en el primer avión que sale de Barajas a las siete de la mañana y vuelves por la tarde, y normalmente no tienes tiempo ni para comer, y claro, uno no es muy feliz con ese tipo de entrevistas. Tenemos que acostumbrarnos a un periodismo mucho más pobre; y en el caso de la entrevista digital, pues es altamente sospechosa.

B.C. ¿Amenaza el “amiguismo” el fin de la crítica musical real?

D.A.M. En el caso de España, bueno, pasa en todos sitios, en determinados tipos de música existe un sentido de solidaridad tan grande que ciega totalmente, pasa en el caso de la música Indi, pero ocurre lo mismo con… los cantautores: el crítico se siente tan parte del movimiento que no hace de filtro sino de: “¡RA RA RA!. Éste es nuestro chico. ¡Bien, bien, bien! Vamos a ganar, vamos a meterles una goleada”.
Esto se nota mucho por ejemplo en la radio, la radio desgraciadamente carece de crítica negativa, crítica dura. Claro, siempre se dice “no, yo si tengo poco espacio, si tengo una hora, yo no me voy a dedicar a poner mal a artistas que han hecho mal disco”. Pero si, hay que ponerlos aunque sea un poquito, para que por contraste los otros brillen bien, veinte lo han hecho bien, pero hay dos que lo han hecho muy mal; eso es lo que te da una percepción de la realidad. El “todo el mundo es bueno” en la crítica es peligrosísimo.

B.C. ¿Dónde está la línea que separa la objetividad de la subjetividad? ¿Puede ser un crítico objetivo con algo que le guste o con algo que no le guste?

D.A.M. Según pasa el tiempo vas perfilando tus criterios estéticos, es decir, un tiempo puede que hayas sido muy militante y hayas dicho, esto va a misa, éste artista es mejor que éste otro, es decir, estableces una pirámide, pero luego te vas haciendo mucho más tolerante no sólo con los artistas sino con las músicas. Y al final no es eso que decía Duke Ellington de “hay dos tipos de música, música buena y música mala”, yo creo que ni siquiera eso, que hay una música que me sirve y una música que jamás escucharía ni aunque me llevaran arrastrado. Y quiero decir que esa música que me sirve puede ser una pachanga, porque necesitas pachanga, y la música que no te sirve puede ser una música sinfónica de altísimo nivel pero que a ti te repatea. Aunque reconozco que es necesario que haya un canon, que te diga esto es lo bueno, lo esencial, por lo general digo esto me gusta, o esto no me gusta, y quizás tu compartas o no mi opinión.

Depende mucho del público, si estás escribiendo para el público de El País no puedes meter muchos guiños, si estás escribiendo para una revista musical sí puedes meter mucho guiños y complicidades, pero básicamente mi mensaje es: esto me gusta o al revés, ahora, yo te presento los argumentos, y tú decides. Entiendo que personas medianamente sensatas sigan algún disparate, como eso de intentarte vender el descubrimiento del siglo, el mejor grupo de la última década, eso no se me pasaría por la cabeza jamás, a menos que esté borracho de vino (risas cuando empieza la frase y carcajadas cuando la termina).

B.C. En los libros sobre rock´n´roll o música pop, hacen una separación para explicar la historia, bajo mi punto de vista desacertada, que es por décadas, todos conocemos los iconos de los 50´s o 60´s. Cuando escriban futuros libros y hablen de los 2000´s, ¿de quiénes hablarán dentro de 20 o 30 años? ¿Quiénes saldrán en las fotos?

D.A.M. Hmm… No creo que sea Lady Gaga, porque es una versión mucho más lanzada de Madonna, no creo que sea Beyoncé… porque es como si Aretha Franklin se hubiera reencarnado en un sargento de Marine (hace aspavientos imitando a Beyoncé, como con movimientos de robot de película de ciencia ficción de los cincuenta) con esos movimientos militares, no sé… puede que artistas que en este momento no gocen de mucha popularidad y luego con el paso del tiempo salgan a la luz. Los que vivimos los años ochenta amábamos a Morrisey, pero no podíamos imaginar que Morrisey quedaría como un Oscar Wilde de su época, que sigue su misión y que provoca, que da problemas y que mantiene un gran público. Es misterioso porque de los ochenta recordamos a Morrisey y no recordamos a Boy George,  que era un personaje totalmente fascinante, la decantación del tiempo es un misterio. Bueno, ¿qué pondríamos en la portada de la primera década del siglo?… No pondríamos a los Strokes, porque han hecho lo mismo que han hecho veinte mil grupos antes, puede que sean los White Stripes cuando llevaban la ropa blanca y roja, con los instrumentos a juego, quienes sean más susceptibles de quedar como figura histórica, creo que me quedo con los White Stripes.

Aquí tienes la crónica del concierto de Atlanta del que nos hablaba Diego.

El enlace a La Zona Salvaje que no os debéis perder. Y su blog en la web de El País, donde aprenderéis muchas cosas.

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